Cuando la economía se encuentra en una fase recesiva del ciclo económico, disminuye la recaudación de impuestos por la caida de la actividad (la gente consume menos y disminuye la recaudación por IVA, hay menos trabajo y disminuye la recaudación por IRPF, etc), y aumenta el gasto público (aumentan las prestaciones por desempleo, medidas de estímulo como el Plan E, etc). Esto hace que los gastos superen a los ingresos y se genere lo que se conoce como déficit público, que hoy en día es un 11,4% del PIB. El problema del déficit público es que trae consigo la temida deuda pública, es decir, para poder seguir funcionando el Estado se tiene que endeudar generando lo que se conoce como deuda pública.
En España es temeroso el nivel al que crece la deuda pública, se estima que en 2012 la deuda representará el 75% de lo que produce el país. Esto es muy malo porque la deuda hay que devolverla y además con intereses, a mayor deuda más intereses, y además esos intereses serán más altos si hay desconfianza sobre la devolución del dinero prestado (el bono español a 10 años tiene un tipo de interés de 4,14% mientras que el alemás es de 3,13%). Si nos sirve de consuelo, la deuda española es la mitad que la griega y algo inferior a la alemana.
Keynes decía que si la economía está en recesión, el Estado debe intervenir con una política fiscal expansiva (aumentando el gasto o disminuyendo los impuestos), es dedir, generando déficit público que ya se recuperará con el superávit de las fases de expansión económica.
Pero no es tan fácil, el déficit genera deuda, que hay que pagar con una política fiscal restrictiva: aumentando los impuestos (en julio de este año subirá el IVA) o reduciendo el gasto público (el gobierno quiere ahorrar 50.000 millones de euros en los próximos 4 años). Todo ello con el objetivo de cumplir el pacto de estabilidad para la zona euro consistente en que el déficit publico sea inferior al 3% del PIB.
